Las doce estaciones. I

Inmersa en la oscura noche con unos pantalones negros y sus finos pies descalzos, el vino intenso de la blusa resaltaba sus ojos otoñales: tristeza, cansancio. Cogió aire, deseando que la tranquilidad se apoderase de su cuerpo, aún y sabiendo que su mente no le iba a conceder ni un segundo de descanso. Vuelve a intentarlo, esta vez dejando caer su débil mirada en el horizonte, desplegándose ante ella el mar infinito. Infinito. Siente como la suave brisa marina acaricia sus sornrojadas mejillas y no puede evitar dibujar una sonrisa al percibir como a vaporosa bruma, escondida bajo las tablas, roza sus pies por primera vez en mucho tiempo. Los recuerdos florecen, recordándole, una vez más,  el fresco aroma que deja el último viernes de mayo.

Día 6: Dos meses y siete días

Hoy hace justo dos meses y siete días desde que te fuiste. Sesenta y siete días tratando de asumir que no vas a volver. Mañana hará dos meses y ocho días, y supongo que lo que más me jode es que la vida sigue así, sin más. Me jode no haber aprendido a vivir con ese vacío que dejaste, ese vacío que cada día que pasa me va consumiendo poco a poco. Será la inexperiencia, quién sabe….pero hoy, después de todo este infernal y eterno camino, he sido capaz de decir la verdad en voz alta: te has ido y nunca vas a volver. Todo, absolutamente todo, se queda reducido en ese efímero pasado que simplemente dejará de existir cuando seamos capaces de aceptar la dura realidad, y es que realmente me asusta aceptarlo, como si ello supusiera dejar atrás todo eso que en un momento fue demasiado importante como para que alguna vez tuviese final. Pero el final llegó, hace dos meses y siete días, y quiero que sepas que estés donde estés, nuestro pasado me acompañará toda la vida.

Día 5: 22 de junio de 2012

El sol brillaba como nunca antes ese día, el suave viento acariciaba todos los árboles verdes situados en los dos extremos de la avenida, aquella combiación de luz y movimiento me proporcionó todavía más energía de la que ya tenía. Quizás no todo era tan intenso en realidad, pero aquel día me sentía más viva que nunca. Se avecinaba un cambio, lo percibía. No soy de las que pide cambios a gritos, pero tampoco soy fan de la monotonía y en los últimos meses había notado un cambio en mi carácter, en mi forma de pensar que necesitaba ser expresada de forma urgente e inmediata. Fue un día especialmente bontio, y posiblemente viniendo de mi, suene incluso demasiado dulce(por no llamarlo empalagoso) pero es que cuando realmente te das cuenta que es amor lo que hace tus días más especiales, cuando te das cuenta de que la persona que tienes a diez metros se dirige hacia ti con su tierna sonrisa, esa sonrisa que te hace soñar despierta, ya no hay vuelta atrás. Meses atrás me preguntaba constantemente que era estar enamorado, un sentimiento totalmente deconcido para mi joven existencia. Ahora, incluso después de casi cuatro años, cuando alguien me pregunta por el amor, sigo hablando de la sonrisa que me volvió totalmente loca ese 22 de junio de 2012.

Día 4: Oscuridad

Hoy es uno de esos días en los que crees que nada merece la pena, que siempre es a ti a quién le salen las cosas mal, harto de mentiras y engaños, cansado de la monótona rutina hasta llegar al punto de decir: ya no puedo más. Respira y reflexiona, siempre solemos parar más atención en todas esas veces que no somos capaces de salir de ese hondo agujero, sin tener en cuenta que lo que nos espera merece más la pena que la gran preocupación y atención que le estamos dando a la mala situación. En la vida hay momentos buenos y malos: hay que disfrutar al máximo de los buenos e intentar darle la vuelta a los malos, solo así conseguiremos ser un poquito más felices cada día.

Día 3: Una imagen vale más que mil palabras

Tengo el móvil a reventar de fotos. Sí, soy de las que plasma desde el mayor evento hasta la más insignificante chorrada en una foto. La gente suele acabar hasta las narices de tener la cámara delante de sus caras casi todos los días, pero ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras y que yo soy de poco hablar, así que no hay nada mejor que un bonito recuerdo a base de fotografías. Hoy he decidido (en realidad no me ha quedado más remedio) recordar todos esos momentos, uno a uno, y poco a poco he ido recordando divertidas anécdotas con mis mejores amigas, el primer amor, las primeras fiestas, los cumpleaños…y es que me he dado cuenta de que la vida son sólo momentos, que la gente va y viene, pero lo más importante es saber quedarse con lo vivido y estar ansioso por saber lo que vendrá. Y es que me he dado cuenta de que ya no soy la misma persona que sale en esas fotos, que he cambiado, que todas las experiencias que he vivido me han cambiado, me han hecho ver la vida de otra manera…Sé que muchas personas me han fallado y que yo también las he fallado a ellas, algunas incluso ahora son como desconocidos para mí, pero tengo claro que nunca podré decir que me arrepiento de todo lo vivido, porque esas imágenes me han hecho ser como soy ahora, y ese cambio es el acto de mi persona que más me enorgullece.

Día 2: El Tiempo

Me considero una persona valiente y fuerte, capaz de arrastrar con todo lo que se me ponga por delante, saltando el muro más alto si así lo requiere la situación. Los golpes y las caídas no son mas que minúsculos baches que me hacen cada días más y más fuerte hasta llegar a sentirme invencible y capaz de todo. Sólo hay una cosa que me parte todos mismo que esquemas, una palabra que al ser pronunciada todo mi cuerpo se convierte en un terremoto sin control, perdiendo así la dura batalla: TIEMPO. Es el tesoro más preciado que la vida nos puede dar, única esencia con un incalculable valor, pura magia efímera. Todas mis batallas con él han sido derrotas, y poco a poco estoy aprendiendo a vivir con su victoria, sabiendo que el tiempo me posee, porque su incalculable valor se escapa totalmente de mis manos, y es que quizás realmente lo que más me asusta es no poder albergar todo lo que esa palabra significa sabiendo todos los secretos que abarca sobre mí. Respiro hondo y sin perder ni un minuto más me agarro a él con todas mis fuerzas, y dejo que poco a poco me absorba y haga de mi vida una gran aventura.

Día 1: No hay color

Me gustan los días grises. Hay gente que piensa que esos días hacen entristecer los pensamientos, que la lluvia saca nuestro lado más desolado, haciéndonos reflexionar sobre todo aquello que pudo haber sido pero que no fue. A las almas soñadoras como yo les gustan estos días, donde la niebla es un factor secundario en la escena, y nuestro objetivo se encuentra entre esas negras nubes, y a medida que la imaginación va alcanzando altura podemos contemplar la belleza que se haya bajo nuestros pies. Pero,¿Sabes una cosa? Los días grises solo son bonitos si tu risa me espera detrás de la lluvia, porque cuando tú no estás, simplemente, no hay color.

Día 0

Hace más de medio año decidí escribir la primera entrada, pero como siempre, quedó en un quizás. Hace dos días volví a pensar en ello, pero mis dolores de cabeza me alejaron de la idea. Ayer, después de haber resuelto esos dolores a base de un puñado de míseras palabras, palabras que cuando no son pronunciadas por cualquiera saben llevarte por el camino de la locura, hacerte llorar hasta quedarte sin fuerzas, tomé la decisión de empezar a cambiar, y por eso, hoy, he decidido al menos intentar dejar escrito todo lo que ha pasado, pasa y pasará por mi cabeza. Tardaré meses en solucionar mis inquietudes, quizás nunca lograré superar este dolor, pero por si acaso, lo dejaré plasmado con mis palabras.